lunes, 26 de mayo de 2008

ahora si.

Tengo tanto para decir...pero callar.
la oscuridad se come todas las cosas y de pronto hay agua hasta donde no pensabas que podía llegar. Estoy arriba muy arriba y en esos lugares donde abunda la soledad, puedo mirar la ciudad. Me imagino los caminos y voy viajando , hasta llegar donde tengo que estar. El largo lamento que es la música, varios pasos pequeños que se suceden como gotas, y van acariciando levemente la huella, suavizando el dolorido camino de vuelta, la solitaria figura de una voz cantante.
Un trio de punzantes agujas, se instala en este espacio de inseguridades. Yo no supe, pero está bien, había que abandonarse y antes de eso morderse y patalear.
Un puño que se cierra vacío, se retrae sobre si mismo, y deja arder la ira, se consume silencioso, mientras otro se cierra lleno, con otras esperanzas y otro corazón.

En la lucidez, han llegado las horas claras , recuerdas?... la calle y su revoloteo matinal, el olor húmedo del rocío, la primera luz, y todo lo que eso conlleva. Es otro día, y nada ha cambiado, las personas siguen viviendo allá abajo, y el tiempo inútil se ha suspendido estrecho entre mi pecho y tu abrazo.
Tímidamente se respira de nuevo, y ese nuevo aire, es absorbido por primera vez, y todo lo que estaba adentro se quema.
El dolor no es un instante. La felicidad, sí. Porque un corazón no esta abierto, hasta que se rompe.